Las lágrimas de Shiva: los libros de Javier y Violeta

Javier y Violeta, los protagonistas Las lágrimas de Shiva, comparten una relación muy especial basada en los libros que les gustan a cada uno de ellos. Javier es un lector empedernido de novelas de ciencia ficción, mientras que Violeta desprecia el género y considera que hay que hacer lecturas “más serias”.

¿Os gustaría saber de qué tratan los libros que leen Javier y Violeta? Puede que alguno de ellos os interese y os animéis a leerlo.

“Poco cabe decir de aquel viaje. Pasé gran parte de la mañana leyendo una novela de ciencia ficción —Universo de locos—, y el resto del tiempo lo dediqué a mirar por la ventanilla, aunque el paisaje que se divisaba no mostraba más que una interminable sucesión de campos de cereales” (p. 30)

Universo de locos de Fredrick Brown

El primer intento de enviar un cohete a la Luna, en 1954, fue un fracaso. El cohete trazó una larga parábola en el espacio y volvió a caer en la Tierra, justo en una mansión de un propietario de una cadena de revistas populares. Éste, junto con su mujer, dos invitados y ocho sirvientes fueron muertos por la descarga eléctrica del potenciomotor Burton del cohete. Pero sólo se hallaron once cadáveres. Este hecho hizo pensar que uno de los invitados estaba tan cerca del centro de la explosión que su cuerpo fue completamente desintegrado.  Pero Keith Wilson no había sido desintegrado. Simplemente había sido transportado a otro universo… muy parecido al nuestro pero con sorprendentes diferencias…
“Violeta se inclinó y comenzó a leer en voz alta los títulos.
—Jones el hombre estelar, Marciano vete a casa, Titán invade la Tierra, El día de los Trífidos… ¿Qué clase de novelas son éstas?
—Ciencia ficción —respondí.
Violeta esbozó una sonrisa que, pese a su brevedad, logró expresar a la vez una desagradable mezcla de altanería, desdén y conmiseración. Creo que fue una de las sonrisas más irritantes que he visto en mi vida.”

Jones, el hombre estelar de Robert A. Heinlein

Max Jones es un joven que huye de su casa cuando su madrastra contrae matrimonio con un tipo insoportable. El muchacho, que sueña con ser oficial astrogador (profesional de la navegación estelar) en una nave estelar, como lo fue su tío, decide dirigirse hacia Earthport con la intención de ingresar en el gremio de astrogadores. Por el camino entablará amistad con Sam Anderson, un pintoresco individuo que parece saber mucho sobre el espacio, a pesar de su aspecto de vagabundo. Ya en Earthport, Jones descubrirá que no tiene la menor posibilidad de ingresar en el gremio al que perteneció su tío. Pero con la ayuda de Sam, que consigue papeles falsos para ambos, consiguen enrolarse como vulgares tripulantes en la nave Asgard, que está a punto de partir. La fabulosa aventura de Max Jones no ha hecho más que empezar. Gracias a su prodigiosa memoria, que le permite recordar absolutamente todo lo que leyó en los manuales de astrogación de su tío, y también gracias a una serie de afortunadas circunstancias, nuestro héroe pasará de cuidar los animales domésticos de los pasajeros a ocupar un puesto en el puente de mando. Mientras se realizan los cálculos necesarios para una transición o salto estelar, Jones se da cuenta de que el capitán ha cometido un error, y así se lo hace saber. Pero nadie le hace caso. Poco después, la nave efectúa el salto y los tripulantes descubren, horrorizados, que se encuentran en un punto del espacio completamente desconocido para ellos.

Marciano, vete a casa de Fredric Brown

Un escritor se refugia en una cabaña mientras escribe su próximo relato. Al instante un extraterrestre proveniente de Marte aparece de la nada. Pronto, cientos de miles de marcianos aparecerán en todo el mundo, desorganizando la civilización humana.
No vienen como conquistadores, sencillamente, su interés es molestar. Pueden verlo todo. De esta manera, los secretos militares, políticos, personales, amorosos, son dados a conocer por estos seres pequeños que rinden culto a la verdad. Lógicamente, la sociedad humana no puede resistir semejante juego. por eso, el clamor pronto llega a ser unánime: ¡Marciano, Vete a Casa!.

Titán invade la Tierra de Robert A. Heinlein

Año 2007. Unos extraterrestres procedentes de Titán invaden los Estados Unidos. Son unos seres gelatinosos que se fijan sobre la nuca de los humanos y anulan su voluntad, convirtiéndolos en títeres. Así se apoderan rápidamente de ciudades enteras. Pero el hombre vencerá una vez más a las fuerzas del Mal, gracias al agente secreto Nivens, a su encantadora esposa Mary y a su padre, el famoso «Patrón».

El día de los Trífidos de John Wyndham

Unas extrañas luces verdes han aparecido en el cielo y la mayor parte de la humanidad ha alzado la mirada para contemplar el fenómeno. A la mañana siguiente todos despiertan ciegos. Las pocas personas que conservan la vista inician la lucha por sobrevivir en un mundo que se debate entre la desesperación y la barbarie. Uno de ellos es Bill Masen, que se encuentra ingresado en el hospital, recuperándose del ataque de una planta mutante creada por el hombre: los trífidos. Se trata de enormes vegetales capaces de moverse y que han desarrollado una especie de lengua venenosa con la que agreden a los humanos. Ahora que han descubierto la debilidad de éstos, los trífidos se disponen a heredar la Tierra…, si los supervivientes no lo impiden.
…¿Has leído algo de ciencia ficción?
Violeta asintió con un desdeñoso cabeceo.
—Un mundo feliz, de Huxley y 1984, de Orwell. Son las dos únicas novelas de ciencia ficción que valen la pena.” (p.44)
 
 

 Un mundo feliz de Aldous Huxley

En Un mundo feliz, Huxley imagina una sociedad del futuro que utiliza todos los medios de la ciencia y la técnica, incluidas las drogas, para el control de los individuos. En ese mundo, todos los niños son concebidos en probetas y están genéticamente condicionados para pertenecer a una de las cinco categorías de población. De la más inteligente a la más estúpida: los Alpha (la elite), los Betas (los ejecutantes), los Gammas (los empleados subalternos), los Deltas y los Epsilones (destinados a trabajos arduos). Todos son felices, porque su estilo de vida es totalmente acorde con sus necesidades e intereses. Los descontentos con el sistema (los menos) son apartados de la sociedad ideal y confinados en colonias especiales donde se rodean de otras personas con similares “desviaciones”, alcanzando también la felicidad.

1984 de George Orwell

Tras años trabajando para el Ministerio de la Verdad, Winston Smith se va volviendo consciente de que los retoques de la historia en los que consiste su trabajo son sólo una parte de la gran farsa en la que se basa su gobierno, y descubre la falsedad intencionada de todas las informaciones procedentes del Partido Único. En su ansia de evadir la omnipresente vigilancia del Gran Hermano (que llega inclusive a todas las casas) encuentra el amor de una joven rebelde llamada Julia, también desengañada del sistema político; ambos encarnan así una resistencia de dos contra una sociedad que se vigila a sí misma.
“Volvió a llover por la tarde. Después de comer subí a mi cuarto, me tumbé en la cama y estuve un par de horas leyendo El guardián entre el centeno. Aquella novela me había atrapado desde las primeras líneas, y eso a pesar de que apenas tenía argumento. El relato, narrado en primera persona, cuenta la historia de Holden Caulfield, un chico de diecisiete años que, poco antes de Navidad, se fuga del colegio. Y ésa era toda la trama de la novela: los tres días que duraba la fuga del protagonista. Pero, además, aquel relato mostraba los recuerdos, los pensamientos y las emociones de Holden, su confusión, su tristeza y su sentido del humor. Lo cierto es que no podía evitar identificarme con él y muchas de las cosas que expresaba el personaje, aunque yo nunca las hubiera pensado, pasaban a ser mías al segundo siguiente de leerlas.
Pero había algo más. No tardé en comprender que, cuando Holden Caulfield decía algo, en realidad quería decir otra cosa, como si por detrás del texto escrito hubiera palabras invisibles. En cierto modo, aquel libro eran dos novelas a la vez: una, la que podía leerse, y otra, la que se intuía más allá de la letra impresa. Y eso, creo yo, era lo que prestaban tanta autenticidad al relato, pues la vida, como averigüé con el paso de los años, siempre esconde algo distinto a lo que uno advierte a primera vista.” (p.69-70)
“Luego, tras deambular un rato por la casa en busca de Violeta, sin encontrarla, me dirigí a la biblioteca y allí pasé unos minutos mirando los libros que atestaban los anaqueles de la librería. Casi todos eran ediciones antiguas de obras escritas por autores para mí desconocidos. No tardé, sin embargo, en encontrar un título familiar. Era Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, una novela que está considerada como el primer libro de ciencia ficción. Aunque había visto películas basadas en esa novela, no la había leído, así que la saqué del estante y, tras sacudirle el polvo, la abrí por el principio.” (p.77)

Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley

La noche del 16 de junio de 1816, después de que Lord Byron y Percy B. Shelley discutieran largamente sobre la posibilidad de descubrir el principio vital de la naturaleza y transferirlo a un cuerpo inerte, Mary W. Shelley, por entonces una joven de 19 años, tuvo una memorable pesadilla sobre la visión de un monstruo creado por la ciencia humana. Este sería el punto de partida de una de las obras más proféticas de la historia de la literatura: Frankenstein o el moderno Prometeo. Un drama romántico sobre la voluntad prometeica del ser humano, decidida a emular y sustituir a Dios en el papel de creador de la vida, borrando los límites que separan lo natural y lo artificial y planteando nuevos problemas morales de consecuencias desconocidas.
 
“Al fin, si bien a regañadientes, Violeta aceptó leerlo. Crónicas 
Marcianas era mi arma secreta contra quienes criticaban la ciencia ficción sin conocerla. No se trata de una novela, sino de una antología de cuentos centrados en la colonización de Marte por la humanidad; pero uno de  sus rasgos de originalidad radica en que el punto de vista  de los relatos no es el de los terrestres, sino el de los marcianos. Tampoco pretende ser una obra realista —el Marte que describe Bradbury es completamente imaginario—, sino poética, y melancólica, y terriblemente pesimista.” (p. 90)
 
 
“Me gustó El viejo y el mar, es un relato muy hermoso, tan triste y poético como Crónicas Marcianas. En cierto modo, ambas obras hablan de lo mismo: de las cosas que desaparecen con el tiempo, como los pétalos de la rosa de ayer.” (p. 92)
 

El  viejo y el mar de Ernest Hemingway

La novela trata de un viejo pescador que se encuentra pasando una mala temporada a causa de la falta de pesca. Tras ochenta y cuatro días sin pescar nada, el viejo pescador se adentra solo en el mar y finalmente, tras muchas luchas y sufrimientos, consigue pescar un pez enorme con el que podrá resolver todos sus problemas. Durante su lucha, recuerda y echa de menos al joven que le ayudaba. En el camino de regreso a casa, lo acechan multitud de tiburones que poco a poco van devorando al pez y lo dejan sin carne. Cuando llega a puerto, y a pesar de que ya no queda casi nada del pez, recupera el respeto de sus compañeros y la admiración del joven ayudante que decide volver a pescar con él.
“Cuando acabé El viejo y el mar, le dejé Ciudad de Simak, y ella me prestó a continuación La metamorfosis de Kafka… Aquel verano fue, también, un verano de buenas y sabias lecturas” (p. 94)

Ciudad de Clifford Simak

Simak narra en Ciudad -desde un punto de vista perruno- los últimos años de la epopeya humana. Los hombres han desaparecido, pero los perros se reúnen en las noches de invierno y, rodeados de sus cachorros, cuentan sus historias. Hay ironía, ternura y melancolía en esas historias… El lector lee en ellas el obituario de su raza, y advierte al mismo tiempo que, para la mente de un ser capaz de crear otra civilización, los hombres son criaturas casi inimaginables…

La metamorfosis de Franz Kafka

“La metamorfosis, de Franz Kafka, narra una especie de pesadilla en la que un hombre, Gregorio Samsa, asiste con indiferencia a su transformación en insecto. Se trata de un relato no muy extenso, de modo que lo leí con rapidez. Al terminarlo, una tarde en la soledad de mi dormitorio, me sentí un poco extraño, como si el texto de Kafka se resistiera a abandonar mis pensamientos.” ((p. 94)
 

El libro no sólo nos habla de las lecturas de Javier y Violeta, también sabemos qué leía Beatriz Obregón, la antepasada de la familia:

“Según Violeta, había más libros de Beatriz en la biblioteca, de modo que me puse a buscarlos. Encontré veintitrés, todos ellos firmados y fechados entre 1892 y 1901. En su mayor parte eran novelas góticas —Melmoth el errabundo, El castillo de Otranto, El monje y cosas así —, pero también había relatos de aventuras de Stevenson o Conrad, y algunas obras de las hermanas Brontë, Jane Austen o Wilkie Collins.” (p. 101)

Melmoth el errabundo de Charles Maturin

Melmoth el errabundo, publicada en 1820, lleva a una cima la representación de la concepción gótica de la existencia. Su protagonista, Melmoth, después de haber sellado un pacto con el diablo, logra que su vida se prolongue en el tiempo por encima de lo que cabría esperar en un hombre ordinario; el resultado de semejante imaginación sirve para presentar ante la mirada del lector la condición del hombre con más claridad y nitidez.

El castillo de Otranto de Horace Valpole

El castillo de Otranto (1764), publicado originalmente como si fuera la tradución de un texto italiano del siglo XVI, que inició una fecunda moda y un género literario que llega hasta nuestros días: la novela gótica. El castillo de Otranto, cuya acción se desarrolla en la Italia medieval, narra la historia del tirano Manfred, cuya estirpe arrastra una maldición desde que su abuelo usurpara el poder del castillo a sus legítimos poseedores. Manfred trata de perpetuar su herencia casando a su débil hijo Conrad con la princesa Isabella, pero poco antes de la boda ocurre un accidente fatal de origen aparentemente mágico que frustra sus designios. A partir de este suceso, se desencadenarán una serie de misteriosos fenómenos sobrenaturales y pasiones encendidas que tendrán como escenario el asfixiante y siniestro decorado del castillo, uno de los principales “personajes” del relato: puertas chirriantes, pasadizos oscuros y criptas secretas hacen su aparición por primera vez. Había nacido la literatura de terror.

El monje de Mathew Gregory Lewis

El 23 de septiembre de 1794, el joven Matthew Lewis con tan sólo diecinueve años, anunciaba en una carta a su madre que había escrito en sólo diez semanas una novela, entre 300 y 400 páginas en octava. Acababa de nacer una de las obras cumbre de la novela gótica, la forma más leída de literatura popular en Gran Betraña y buena parte de Europa desde finales del siglo XVIII hasta bien mediado el siguiente. La opinión pública se dabatió entre declarar El monje como obra de ingenio o tacharla de blasfema y obscena. Situada en un decadente, hipócrita y mítico Madrid gótico, Lewis mezcla dos tramas bastante espeluznates: la del libidinoso y blasfemo monje Ambrosio y la historia de Ramón y su fatídico amor por la desdichada Inés. Ambas historias están entrelazadas para crear una tensión entre su envoltura sentimental y su trasfondo neta y sombríamente gótico.
[Fuentes de los textos e imágenes: http://www.wikipedia.es , http://www.casadellibro.com, http://www.ciencia-ficcion.com]


2 respuestas a Las lágrimas de Shiva: los libros de Javier y Violeta

  1. Sebastián dijo:

    ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Enhorabuena por tu trabajo!!!!!!!!!!!!!!!
    Tu Blog ayuda mucho para conocer más los gustos musicales y literarios de los personajes.
    Muchas gracias.
    Un alumno de primero de ESO

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